Senza stato

di Federico Mastrogiovanni

Nella storia recente, il mese di Novembre sarà ricordato nello Stato di Michoacán come uno dei mesi più cruenti. Caduto il governo PRI di Fausto Vallejo Figueroa, esercito e della polizia federale si sono mobilizzati per riportare ordine. La violenza non è stata fermata, ma anzi è aumentata e le comunità colpite hanno preso le armi per formare dei corpi di autodifesa autonomi. “Abbiamo deciso di armarci solo per ristabilire lo Stato di Diritto, smantellato da più di 12 anni”, racconta uno dei leader comunitari.

Cuando el Estado se extingue…

LOS REYES, MICH.– El sobrevuelo de los helicópteros militares en las inmediaciones del cerro de Tancítaro, a pocos kilómetros de Uruapan, aumenta la tensión, agrede el silencio en ese entorno. Desde Pareo, una pequeña comunidad cercana a Tancítaro, se observa una fila de camiones de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que abandonan el pueblo.

Al lado de la carretera, una camioneta con los emblemas de la autodefensa comunitaria está abandonada. Tiene reventadas las llantas; en la parte trasera y en las puertas resaltan las huellas de los granadazos y los impactos de las ráfagas de metralleta recibidos; los parabrisas y ventanillas estallaron a causa de los disparos.

“Ahí están los muertitos”, dice a Variopinto un policía comunitario que carga una escopeta y una pistola y señala hacia una pequeña huerta de aguacate. “Nos atacaron Los Templarios. ¡Hijos de su chingada madre! Ahí están tirados. ¡Ánimo periodistas!”.

Los comuneros recuperan las armas, cartuchos y chalecos de sus compañeros caídos para reutilizarlos. El ruido de los helicópteros no cesa.

Ya en Pareo, cientos de policías comunitarios –los  blancos, por el color de sus playeras–, hacen sus rondines. En el pequeño zócalo los lugareños escuchan con atención a José Manuel Mireles Valverde, el carismático cirujano convertido en uno de los coordinadores generales del consejo de las autodefensas de Tepalcatepec.

Alto, bigotudo, sombrero negro y radio colgado a la altura del pecho dice a los congregados que no deben tener miedo. “Los Templarios –les dice–, no van a regresar. La autodefensa se va a quedar”. Y les explica: En esta fase se deberá formar un grupo de autodefensa aquí, necesitan construir barricadas para resistir los embates del crimen organizado.

La mayoría están ateridos, rehúsan tomar el micrófono y decirle lo que sienten; no quieren exponerse a que algún halcón los escuche y los denuncie ante los capos.

“¡Estamos hasta la madre!” –grita doña María–. Ya no podíamos más con esos delincuentes”. Su hija graba el discurso de Mireles con una tableta. Está confusa, dice. “Lloro de felicidad; no pensé que nos libraríamos de esos mafiosos”.

Los camiones militares se alejan de Pareo, mientras doña María explica que por la mañana los soldados desarmaron a los comunitarios. “Nosotras las mujeres empezamos a gritarles que no era justo; que nos iban a matar Los Templarios. Y recuperamos las armas. Hicimos bien porque esos perros nos tendieron una emboscada”.

La falta de seguridad, la violencia creciente y el no hacer de las autoridades estatales, llevó a la gente a tomar las armas para expresar su hartazgo y enfrentar a las bandas criminales con sus propios recursos, organizados en grupos de autodefensa comunitarios.

“Llegamos a pagar cuotas por todo: por el ganado, la venta de maíz, la tenencia de un carro o de una casa. Eso todavía era soportable. Luego llegaron (los sicarios) a llevarse nuestras hijas y nuestras mujeres para violarlas. Si les decías que no, te mataban frente a ellas. La gente agarró las armas”, relata un anciano de Coalcomán.

Hoy, en las calles de ese municipio los niños juegan con rifles de plástico. “Hace meses jugaban a Los Templarios y se lanzaban contra los militares. Todos querían ser Templarios; ahora juegan a Comunitarios contra Templarios. Ya nadie quiere ser  Templario”, agrega.

En Coalcomán la gente cuenta que un día un sicario secuestró a una adolescente de 16 años sin que nadie le hiciera nada. Confiado, poco después llegó a su casa de la joven e intentó llevarse a su hermana de 14. El padre de ambas lo invitó a comer y le ordenó a la menor que fuera a bañarse… Luego agarró un machete y con él lo mató.

Hay muchas historias similares en la región. Por eso la gente no confía en las autoridades. “Cómo íbamos a denunciar a la policía estas cosas, si ellos mismos estaban coludidos con los mañosos –comenta un joven de Coalcomán–, no teníamos salida por la vía de las instituciones.

“Y cuando llegó el momento, nos levantamos en armas. Al principio era la misma policía federal y el ejército que nos dieron las armas, en un juego que todavía no entiendo bien. Ahora las sacamos a Los Templarios cuando hay enfrentamientos”.

Saqueo minero

Una de las actividades más comunes entre Los Caballeros Templarios en el último año fue la explotación ilegal de minas clandestinas en todo el estado. Una de ellas está ubicada a pocos kilómetros del municipio de Aquila, en la comunidad indígena náhuatl de la Huizontla, enclavada en la sierra y cuya población es de apenas 800 personas.

Francisco, uno de los policías comunitarios, empuña su escopeta con rudeza; no está acostumbrado a hacerlo, lo suyo es labrar la tierra. Relata: “Los Templarios llegaron armados a nuestra asamblea del pueblo. Nos dijeron que iban a explotar la mina y que si queríamos nos iban a dar seis dólares por tonelada, pero igual lo iban a hacer de todas formas.

“La asamblea no respondió nada. Y ellos empezaron las excavaciones. Sacaron muchas miles de toneladas de material. Principalmente fierro, oro, plata, cobre y otros minerales, utilizando cualquier método. El gobierno –es decir, el ejército– sabía que estaban aquí, pero se hacían de la vista gorda. Ellos (los narcos) sacaban su material en camiones hasta Manzanillo o Lázaro Cárdenas para vendérselo a los chinos.

“Cuando llegaron los compañeros de la autodefensa decidimos levantarnos en armas también. Teníamos miedo; no somos policías, somos campesinos. Pero algo teníamos que hacer. La mina destruyó todo. Sus dueños envenenaron las fuentes de agua, lo que provocó la muerte de todos los chacales y langostinos que abundaban en nuestros ríos. Ahora, el agua y las piedras huelen a azufre; todo se murió”.

Los Caballeros Templarios no se preocuparon por la contaminación de los territorios en los que se explotaban las minas. Comunidades enteras se han visto afectadas por el uso indiscriminado de agentes tóxicos y contaminantes de Los Templarios.

La llegada de las autodefensas comunitarias a Huizontla hizo huir a los criminales. Abandonaron la mina de la comunidad. La cuestión minera es uno de los nudos centrales de la crisis en Aquila. Ahí tiene su mina la empresa italo-argentina Ternium, del grupo Techint, fundado en 1945 por Agostino Rocca, quien hizo su fortuna durante el fascismo, al que se adhirió desde que Benito Mussolini tomó el poder en Italia.

En 1933, Rocca fundó la empresa acerera Dalmine. Hoy, a través de Ternium explota las reservas de hierro en Aquila. Lleva 15 años haciéndolo con un permiso de explotación legal.

Una de las minas más redituables, la de la Estanzuela, está muy pegada al predio de 383 hectáreas que Ternium tiene en arriendo.

Los comuneros de la zona aseguran que en la Estanzuela, la explotación de los minerales y su traslado se hacían en presencia del ejército, cuyas tropas están descatamentadas en la zona para asegurar la mina de Ternium.

En la Estanzuela, dicen, se sacaban 10 camiones de 20 toneladas de material al día. Cada uno realizaba cinco viajes diarios. Los Caballeros Templarios explotaron esa mina durante meses. Sacaban mil toneladas de material al día, con una ganancia de 413 mil dólares a la semana, considerando que la venta del hierro dejaba 5 mil 900 dólares por tonelada.

Futuro incierto

En muchos lugares, como Pareo, la ofensiva de las autodefensas se considera como una verdadera liberación. La población, aplastada durante años por el crimen organizado, ve en esta policía ciudadana una posibilidad de regresar a una vida normal.

Sin embargo, muchos aún no saben a dónde llegará este estado de inestabilidad. En Chinicuila, cuyos habitantes apoyan a las autodefensas, uno de ellos se comenta: “Cuando se acaben Los Templarios y ya se haya limpiado el estado, ¿qué van a hacer los policías comunitarios?”

Y añade: “Lo que falta es una línea política clara, compartida; una ideología para organizar la vida pública. Hace falta una idea de sociedad. Lo que está pasando ahora es nada más una reacción a una violencia insoportable, y estamos apoyando esta reacción. La pregunta es: ¿Qué van a hacer todos estos hombres armados que no tienen un guía, cuando se acabe el enemigo? Es lo que nos preocupa, que un poder ‘militarizado’ se adueñe otra vez de nuestras vidas.

“En el cercano municipio de Chinicuila se trabaja en la constitución de un Concejo Popular desde hace años. Se busca que represente la autoridad popular, la voluntad y los intereses del pueblo; los comunitarios tienen que lidiar con el pueblo. No es así en todas partes y no quisiera ver el momento en que se acaben Los Templarios y tantos hombres armados tengan que buscar otros enemigos”.

En la plaza central de Pareo, Mireles Valverde descansa después del discurso a la comunidad.

Mireles afirma: “El objetivo de todos los municipios levantados en armas es acabar con el crimen organizado, dondequiera que se encuentre y en cualquiera de sus niveles y en cualquiera de sus modalidades.

“Porque los hay a nivel municipal, estatal y federal –dice–, y modalidades hay muchas, desde los raterillos de carteras hasta los bandidazos de guante blanco que están en el gobierno del estado o en las grandes empresas falsas que tiene el estado de Michoacán”.

Y aclara: “Nosotros respetamos todas las instituciones legalmente constituidas en la República, no nada más en nuestro estado. Pero sabemos que todas las instituciones y secretarías del estado están contaminadas con el crimen organizado. Y si en algunas el crimen es más fuerte que las instituciones, también queremos terminar con ellas”.

Mireles reflexiona: “Nosotros estamos haciendo lo que las instituciones gubernamentales no hicieron durante más de 12 años. Si las instituciones estuvieran haciendo su deber, nosotros no tendríamos sentido de existir. Yo soy médico, los otros son ganaderos, campesinos, aguacateros, comerciantes.

“Lo que estamos haciendo lo hacemos temporalmente. Mientras el gobierno federal, el ejército y el estado mismo de Michoacán se ponen a trabajar para hacer lo que obliga la Constitución; es decir, brindarnos seguridad a toda la nación. Esto lo estamos haciendo nosotros. Nosotros solamente nos hemos armado para tratar de restablecer el Estado de derecho en Michoacán, quebrado hace más de 12 años.

“Si no reacciona y empieza a apoyar nuestro movimiento social con programas sociales, con cambios institucionales, vamos a tener que aceptar la desaparición de poderes en Michoacán, para que el Senado de la República ponga sus gobernantes interinos, diputados interinos, presidentes interinos, hasta que se haga una nueva elección y se cambie todo el aparato gubernamental de Michoacán y se restablezca el Estado de derecho”.

Antes de despedirse, Mireles insiste: “Esta es una guerra declarada, abierta y pública contra el crimen organizado. Llámese como se llame: Los Zetas, Los Caballeros Templarios, La Familia Michoacana, el cártel que sea. Nosotros no estamos formados para defender ningún cártel, mucho menos para formar otro. Estamos para combatirlos” .

Fuente: http://revistavariopinto.com/nota.php?id=332#.UrF9a1Yjuao

 

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