La vita di un giornalista messicano

12 febbraio 2014 – Tonio Dell’Olio
Quanto vale la vita di un giornalista in Messico? Molto poco se si pensa che ieri è stato ritrovato il corpo senza vita di Gregorio Jiménez, per gli amici semplicemente Goyo, che era scomparso a Veracruz mercoledì scorso. Molto poco se si pensa che le prime indagini hanno comprovato che il mandante, la proprietaria di un bar, ha pagato con 20.000 pesos (circa 1.000 euro) i cinque sicari. Molto poco visto che questa mattina non se ne trova traccia tra i giornali italiani. Molto poco dal momento che il Messico viene definito il Paese più insicuro per un giornalista. Molto poco perché dal 2000 sono stati uccisi 87 giornalisti secondo Comisión Nacional de Derechos Humanos. Dal 2011 nel solo Stato di Veracruz ne sono stati uccisi 10 e almeno 12 hanno dovuto chiedere asilo altrove per ragioni di sicurezza avendo subito pesanti minacce. Nel suo lavoro investigativo, Goyo aveva scoperto che il retrobottega di un bar era divenuto la prigione segreta per migranti centroamericani per i quali veniva chiesto un riscatto. Una pratica assai comune dei cartelli messicani che in alcuni casi governano incontrastati intere città. Jiménez faceva con scrupolo il suo lavoro, ma il prezzo che ha dovuto pagare è stato troppo alto.

Federales operan red de tráfico humano

Una investigación de grupos defensores de derechos humanos de los migrantes reveló una modalidad de tráfico, extorsión y secuestro de indocumentados que involucra a policías federales, bandas del crimen organizado y empresas que rentan autobuses de turismo

Organizaciones defensoras de los derechos de los migrantes detectaron una nueva red de tráfico, extorsión y secuestro de personas que emplea autobuses de turismo en el centro de país y que traslada a los indocumentados a la frontera norte, donde pagan cuotas a policías federales y a bandas del crimen organizado.

De acuerdo con una investigación, una vez que los migrantes llegan a Apizaco, Tlaxcala, en el tren que sale desde Tapachula, Chiapas, son guiados hacia Puebla y Michoacán, donde abordan autobuses turísticos para dirigirse al norte del país. El costo de su boleto es 50% más que la tarifa comercial, con el argumento de que incluye el pago que les garantiza el paso libre en los retenes carreteros del Ejército y la Policía Federal (PF). Pero no es así. Una vez que el autobús llega a Agua Prieta, Sonora, los migrantes son bajados en el retén y, según testimonios de las personas indocumentadas la PF les pide una cuota de 500 pesos a cada uno, a cambio de continuar con el trayecto, de lo contrario, son abandonados a su suerte en esa región.

También pasan por el retén taxistas que, coludidos con las autoridades federales, llevan a los migrantes que encuentran en su camino, pero de igual forma deben cubrir dicha cuota. Si la ruta de autobús contratada llega a Altar, también en Sonora, los migrantes tienen que pagar una cuota de 3 mil 500 pesos a los “cobradores” del crimen organizado para poder salir de ese municipio, ya sea que atraviesen hacia Estados Unidos o se regresen a su lugar de origen. Si no pagan esa cantidad, los migrantes son forzados a servir como burreros para llevar droga a la Unión Americana. De acuerdo con el informe Víctimas entre fronteras. La ausencia del Estado en la defensa de los derechos de las personas migrantes en México, elaborado por una decena de organizaciones civiles que atienden y defienden a los migrantes, las personas indocumentadas que son menores de 18 años son los preferidos del crimen organizado para ser reclutados con el argumento de que son inimputables. Los lugares donde son enganchados son Agua Prieta, Naco y Cananea. En 2012, dice el reporte al que tuvo acceso EL UNIVERSAL, 40% de los adolescentes repatriados hacia Sonora, se dedicó al tráfico de estupefacientes.

En la mira de “maras”

Pero la complicada travesía comienza desde la frontera sur. En el territorio comprendido entre Veracruz e Ixtepec, Oaxaca, los migrantes se enfrentan a bandas dedicadas al tráfico y a la trata de personas que actúan en colusión con cárteles del narcotráfico. Aquí la pandilla de los Maras Salvatrucha actúan como informantes y sicarios de Los Zetas. En Ixtepec se conocen por lo menos tres lugares donde los migrantes son abordados y obligados a trabajar. Las mujeres son forzadas a prostituirse. Esos lugares son: el Hotel Gyves, el restaurante La Flor del Café y el bar el Sabor de la Noche. La investigación fue hecha a lo largo de 2012 con el auspicio de la organización Litigio Estratégico en Derechos Humanos. Las organizaciones que colaboraron en las indagatorias son la Casa del Migrante

de Saltillo, la Coalición Pro Defensa del Migrante, el Albergue Hermanos del Camino, la Casa del Migrante, Casa Nicolás, el Centro Comunitario de Atención al Migrante Necesitado, el Centro de Recursos para Migrantes de Agua Prieta, el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuna de la Universidad Iberoamericana de Puebla y Un Mundo una Nación. Integrantes de todas estas asociaciones recorrieron los puntos de tránsito de los migrantes, los entrevistaron y recogieron testimonios de vecinos, operadores de transporte (tren, autobuses y taxis), autoridades locales y encargados de negocios por donde ocurre el peregrinar. Tenosique, Tabasco y Tapachula, Chiapas, siguen siendo las principales puertas de entrada del flujo migratorio. En Tapachula se ha incrementado la migración en los últimos tres años por la construcción de nuevos caminos que unen a Guatemala con México.

Fonte: http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2013/federales-operan-red-de-trafico-humano-934000.html